« Tanya...en video | Página de inicio | Tu beso »

miércoles, 28 junio 2006

Maktub

Hoy he regresado de mi viaje personal… ese viaje que no se sabe que se hará, que no se sabe que se hizo hasta que no se regresa habiendo tocado la armonía, la paz, el equilibrio, la serenidad, la alegría. Ese viaje que más que afuera es de dentro porque enriquece, despierta y en un instante te hace descubrir lo sencillo que es todo si entiendes el lenguaje de las vivencias.

No fue el olor a mar, ni la ciudad y sus luces. No fue la bruma cuando jugaba a esconder el sol. Ni siquiera el fuego inquieto y cómplice de las mil hogueras en la noche mágica de San Juan… no fueron las meigas ni el sortilegio.

Fue un alma. Fue un duende. Fueron las melodías que acompañaron mis pasos mientras compartía un paseo. Fue la voz serena y segura que me habló de cosas de todos los días. Fue un helado. Fue dejarme navegar en su autenticidad. Fue un instante, otro y otro... hablando, descubriendo, aprendiendo, riendo…fue la fuerza de la amistad.

La complicidad de ese duende amigo me enseñó que cada momento de búsqueda es un momento de encuentro.

Me siento afortunada. He aprendido mucho. Hay una huella suave y firme en mi interior.

DesiD

19:20 Anotado en Reflexiones | Permalink | Comentarios (1) | Email esto

Comentarios

A veces
hay que levantar el vuelo
hasta muy lejos
para llegar a lo más cercano:
el interior
de cada uno.

Anotado por: Juan | miércoles, 28 junio 2006